La insoportable levedad del hándicap oficial
Por Roberto Robles especial para Golfmol.com
El hándicap cumple un rol dicotómico que lo lleva a significar tanto el potencial de juego de un individuo como a indicarmembresía a una asociación de clubes.
La realidad es que el handicap oficial tiene una función de servidumbre y es la herramienta por la cual las asociaciones de clubes financian su existencia. Accesoriamente indica el potencial de juego del individuo.
El handicap paralelo, casi clandestino, es el que se calcula en planillas excel, aplicativos para iPhone o sitios webs en todos los idiomas y su único objetivo es indicar el potencial de juego que tiene un individuo.
Desde estas líneas buscamos aportar una idea con el objetivo de ennoblecer al hándicap, explorando una nueva forma de financiamiento para las asociaciones de clubes, buscando devolverle al mismo su rol de herramienta por la cual un jugador puede conocer, medir, controlar y finalmente mejorar su juego.
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En nuestra sección de hándicap hemos desarrollado el tema desde definición y usos, hasta la formulación de nuestra propia teoría sobre como traducir el hándicap entre los cuatro principales sistemas que se usan en el mundo hoy en día.
Desde nuestra óptica, el hándicap debe ser un elemento esencial que coexista con cada golfista que empuñe un palo de golf. En otras palabras, todo golfista debería conocer al detalle su hándicap y debería adoptarlo como una referencia clara de su habilidad relativa de juego. De hecho, lo hemos intentado definir como la herramienta central por la cual un golfista puede medir su juego, controlarlo y por ende, mejorarlo.
Algunos Números
De acuerdo a cifras de GOLFCHANNEL SOLUTIONS, 36.7 millones de americanos de más de 5 años han estado envueltos en algún tipo de evento de golf, es decir lo practicaron dentro de los últimos 12 meses. Por su parte, 26.2 millones son golfistas por encima de los 18 años que lo practican regularmente. Este estudio indica que menos del 20% de ellos mantiene hándicap. De hecho, la empresa de la USGA que calcula los hándicaps llamada GHIN (Golf Handicap Index Network), sólo cuenta con unos dos millones de golfistas matriculados, siendo la más importante del mercado.
En México no pasa algo diferente. Sobre 130 mil golfistas, apenas un 25% a 30% mantiene un hándicap oficial. Y así siguen las descripciones en España, Chile, Colombia, Argentina, toda Europa y hasta Japón.
Anatomía de la levedad del hándicap oficial
La realidad que sólo uno de cada 4 o 5 jugadores de golf tiene un hándicap emitido por una Asociación de Golf, muestra a las claras que nuestro título no es en vano: el hándicap vale poco, cada vez menos, para la mayoría de los golfistas del mundo. Y la realidad también muestra que esta situación se va consolidando definitivamente.
En nuestra visión, el centro neurálgico que explica tal debilidad radica en la función real que se le da al hándicap en la actualidad a lo largo y ancho del planeta golf. Casi sin excepción se lo ha transformado en el ligamento que tienen las Asociaciones de clubes con los jugadores, ligamento que usan para obtener un ingreso anual de parte de los mismos.
Esta función de servidumbre que tiene el hándicap, es para nosotros una verdadera desnaturalización del mismo, ya que poco tiene que ver que un jugador pueda conocer su habilidad relativa de juego respecto de los fondos que debe dar subsistencia a la asociación territorial de golf de su región.
El famoso autor y consultor Peter Drucker, padre del management moderno, aparecería ante una asociación de clubes, digamos la Florida State Association y haría su celebre y aguda pregunta: “¿UD, a qué se dedica?¿Cuál es su negocio? Dígamelo por favor en una frase”.
El interlocutor del maestro Drucker seguramente recurriría a su memoria sosteniendo que el objetivo de la FSGA es promover el golf y protegerlo para el futuro y una serie de muy lindas palabras que constan en su estatuto fundacional. Con su ironía característica, Drucker le haría ver que son muy loables sus objetivos ulteriores, pero la realidad es que si no consiguen vender hándicaps y cobrar el FEE de manejo del GHIN (Golf Handicap Index Network), de donde sacan una porción importante de dinero para subsistir, la Florida State Golf Association no podría hacer nada de lo que rezan sus estatutos. Por ello, aseveraría sin dudarlo: “Su verdadero negocio es vender hándicaps. Todo lo demás está supeditado a esto”.
Así pues la FSGA se ve casi en la obligación de inventar torneos más de 300 días al año, 6 de cada 7, para darle uso y contenido a esa membresía que es la matricula de hándicap. Sin esta competencia, el hándicap no tendría uso efectivo alguno.
Pero la Florida State Association engloba unos 600 campos de La Florida, un estado de casi 3 millones de golfistas y el estado americano con más canchas de golf. Convive con otras 8 asociaciones más, pero su cobertura es de casi el 60% de los campos del Estado, por lo que a su alrededor orbitan casi 2 millones de golfistas. Aún así, su padrón de miembros efectivos con matricula GHIN, sus jugadores con hándicap, no supera los 180 mil.
Peter Drucker, pensativo, se agarraría la pera y diría: “…aquí algo anda mal”.
Compartimos. Lo que anda mal es que la FSGA solo va a lograr que la gente que tiene ganas de competir sea la que entre en este circuito. La que no tiene ese objetivo, que obviamente es la mayoría, directamente no entra en este esquema. Y compartimos también esto. Un jugador que va con amigos o familia a disfrutar de canchas públicas y no compite contra terceros fuera de sus círculos usuales: ¿para que querrá un hándicap como este, si lo puede calcular el mismo en su PC, iPhone o en un papel?
Nuestra Visión
Una Asociación o Federación de clubes, tiene por objeto observar y hacer observar a sus miembros las dos grandes convenciones del planeta golf, tales son Las Reglas y el Estatuto del Jugador Aficionado, fiscalizando, instruyendo y capacitando. También han tomado para sí la tarea de mantener actualizadas las calificaciones de los campos de golf, base imprescindible a los efectos de aplicar cualquier sistema de hándicap. Finalmente, todas casi sin excepción tienen algún tipo de accionar sobre los menores donde con escuelas, programas y competencias, buscan promover el juego sembrando golf entre niños y jóvenes.
El beneficio emergente de buenas acciones de Asociciones de clubes será disfrutado y capitalizado por el 100% de los golfistas que empuñan un palo de golf dentro de la jurisdicción donde tiene competencia tal institución, tengan o no hándicap.
Es por esto que sostenemos que raya en la injustica que sólo un porcentaje de jugadores, sobre todo pequeño, financie a estas instituciones, en un modelo que vemos débil y polémico.
Para poder cumplir con su objetivo de vender hándicaps las asociaciones deben recurrir al tendido de cercos que traten de obligar a los jugadores a ingresar dentro de un esquema donde una matricula oficial es totalmente imprescindible. Esto genera de por si prácticas que rayan en la discrecionalidad y hasta en situaciones extrañas como lo sucedido en Sudáfrica donde la Asociación de Sudáfrica ha terminado comprando los contratos de suministro de software que tenían empresas privadas con sus clubes miembros para poder monopolizar por completo el mercado de soft de golf de ese país. Todos sabemos de memoria las desventajas de cualquier tipo o clase de monopolio, y entendemos que es una barrabasada que una asociación nacional de golf que debe velar por El Juego, Las Reglas y el Estatuto del Jugador Aficionado, se dedique a programar software de golf, sólo para que nadie se le meta en su patio.
Otro pico de tensión en el mundo debido al hándicap fue el nacimiento de la EGA, European Golf Association, la cual cobró vida cuando el CONGU inglés, en un claro tendido de cerco, intentó frenar el avance del sistema USGA, rechazando de plano el uso del valor SLOPE. No contó en ese momento que fuera un verdadero avance y una mejor tecnología para sus golfistas. Simplemente lo rechazó. Devastados, los europeos continentales decidieron formar su propia asociación y así nace la EGA.
¿El hándicap se merece todo esto?
Entendemos que hoy el hándicap es un convidado de piedra en una refriega tan ridícula como infantil.
Una matricula anual de golfista de tipo “vignette”
Nos animamos a creer que existe un modelo de financiamiento alternativo al actual, más justo, más parejo y más masivo, que le confiera a la Asociación de Clubes de una zona la verdadera universalidad que necesita tener para velar por el bien de todos. A tal modelo lo conocí luego de cometer un error.
Vignette en francés denota algo muy pequeño.
Una calurosa mañana de Agosto, salí desde un pueblito al este de Stuttgart con destino Milán y quería conocer si o si Liechtenstein. En una ciudad de nombre de 3 letras, Ulm, hice equivocadamente una izquierda y antes de darme cuenta estaba en el límite con Austria, país que no se suponía iba a tocar. En el cruce aduanero hago mis migraciones y me cobran un importe que recuerdo del orden de los 10 dólares, un señor de gorro me pone un calco en el auto y me saluda. Llego a Innsbruck y tomo un camino que finalmente me deja en el principado de nombre raro que tanto quería conocer, con una demora como de 3 horas. Luego de conocer la pequeña ciudad arranco hacia el sur. De inmediato encuentro una estación fronteriza dado que entraba a Suiza, donde luego de hacer mis trámites otro señor con otra gorra distinta, me cobra 40 dólares más y me pone otro calco al lado del primero. La verdad, muy intrigado, pregunto que era esto de andar cobrando para pasar fronteras. Con mucha amabilidad de parte del señor de gorra me explicó que estaba pagando peaje bajo un esquema comunitario, solidario, que realmente me pareció el mejor, más justo y más inteligente sistema de cobros que jamás conocí. El sistema se conoce como VIGNETTE y es el nombre del troquel o calco que se pega en el parabrisas.
En Austria por 8 dólares había pagado un peaje para circular por todo el país por 10 días. En Suiza por los 40 dólares, podía andar por donde quisiera por un año. En una larga lista de países de la Europa Central, cualquier auto que pisa su territorio debe aportar a la red vial un monto fijo que ronda los 60 a 100 dólares por año.
Creemos pues que sería un modelo medularmente mucho más justo y efectivo, que las Asociaciones acuerden con sus clubes miembros un canon de tipo obligatorio, anual y pequeño a todo jugador que quiera pagar un green fee en cualquiera de los clubes adheridos a dicha institución, tenga o no hándicap, con lo cual se le emite una MATRICULA para ese país, estado o territorio indicando que ha abonado su anualidad solidaria para que la Asociación Nacional o Estatal de esa jurisdicción desarrolle su trabajo de resguardo del Estatuto del Jugador Aficionado, las Reglas del Golf, calificación de canchas e incluso promoción del golf en los menores, con idoneidad y sin necesidad de estar inventando alternativas que hagan al hándicap polémica, forzada y sintéticamente indispensable.
Al ser un costo tan pequeño, casi insignificante, cobrado no solo a los golfistas residentes de la zona, sino también a turistas que nos visiten, la capacidad recaudatoria de esta herramienta es asombrosa.
Una de las condiciones más interesantes del modelo es que sería muy fácil para los clubes poder ser agentes de fiscalización de cumplimiento del pago de dicha “matrícula vignette”, ya que con un acceso a una base de datos central donde conste que el jugador pagó, puede verificarlo fácilmente, aún cuando el jugador hubiere perdido su credencial o calco. Por su parte, podrá en ese mismo momento exigir y retener el pago si el jugador no lo hubiera hecho. En honor a la verdad, poco y nada se incomodará un jugador que se vea obligado a pagar unos 10 dólares, solo por esa vez y con vigencia para todo el año.
Actualmente hay muchas asociaciones que reglamentan que un club debe renunciar a un green fee de 30 o 40 dólares, varias veces por mes, negandole el acceso a torneos o incluso sus instalacions, a jugadores que no cuentan con una matricula de hándicap oficial. Y los clubes son solidarios, y si un jugador no tiene hándicap oficial, no podrá jugar ese torneo. Esto le cuesta mensualmente mucha plata a muchos clubes.
Cuanto más fácil será solamente pedirle que se asegure que un jugador abone los 10 dólares anuales de la “matricula vignette” y nada más…
Pero debemos remarcar repetidas veces que la característica excluyente de este sistema es la justicia. La justicia que todo golfista dama, caballero o niño, local o visitante, que compite o no lo hace, aporta por igual a la entidad que dedica su existencia a cuidar y desarrollar el Juego que todos juegan también por igual, en esa área geográfica.
El hándicap en su justo lugar
El hándicap, más allá si es oficial o no, no es algo que pase desapercibido a los jugadores. Una parafernalia de software para adminículos electrónicos que van de iPhone a BlackBerry y de Netbook a PC de escritorio, muchos pagos, muchos gratuitos, tanto como miles de sitios webs en todos los idiomas, le permiten a cualquier jugador tener muy claro cuál es su hándicap y de hecho, ese hándicap es ampliamente aceptado por los amigos con los que compite regularmente.
Desestructurando el hándicap, quitándole el rol de cerco del patio trasero de tal o cual Asociación de Clubes, el mismo podrá tomar el lugar central que le corresponde como una condición natural de todo golfista, dado que se abrirá una enorme posibilidad para que todas las asociaciones nacionales del mundo puedan acordar sobre el tema del mismo modo que lo hicieron sobre las Reglas y el Estatuto del Jugador Aficionado, transformándolo en la tercera gran convención del Juego. Hasta la fecha, han evadido esto como una manera de mantener los chacales fuera de su patio trasero.
Un hándicap homogeneizado a nivel global fortalecería la competencia en todos los niveles de golfistas porque estandarizaría los rendimientos individuales con un rol mucho más noble, el cual es transformarse en la herramienta para medir, controlar y mejorar el juego de todo golfista.




