La fuerza de una idea y la inminencia del destino

Cascote del muro de Berlin en mi biblioteca

Cascote del muro de Berlin en mi biblioteca

Un cascote de hormigón de colores flúo, de un poco menos de tres kg de peso, descansa en mi biblioteca erigiéndose en un ícono que marca la puerta de acceso en mi memoria a una de las experiencias de civilidad más fuertes que puedo recordar.

A los 20 años de edad, con mis propias manos, a unos 300 metros al este de una maltrecha Brandemburger Tor, en el corazón de Berlín, le arranque a esa enorme mole de 10 toneladas (uno de los millones de eslabones de los casi 800 km de longitud que tenía esa pared) ese pedacito de historia que ahora me acompaña y me recuerda ese momento. Era principios de un caluroso Agosto de 1990.

Dos meses más tarde, a las 0 horas del 3 de Octubre de 1990, Alemania se reunificaba dejando atrás 30 años de división entre dos pueblos que dejó de ambas márgenes familias divididas, familias que lo perdieron todo, no sólo material, sino que en esa década del ‘60 perdieron hasta la más esencial dignidad.

Desde el Occidente asomando al Oriente, Agosto 1990. Recien caido.

Desde el Occidente asomando al Oriente, Agosto 1990. Recien caido.

Y el festejo mereció la ocasión: una hora de fuegos artificiales alrededor del Lago Alster en la ciudad de Hamburgo acompañaban a dos figuras proyectadas en el cielo de las divisiones políticas conocidas hasta ese momento como Alemania Occidental y Alemania Oriental, mientras se acercaban una con otra, hasta terminar ambas juntas en una sola ALEMANIA en una explosión de lágrimas y sollozos interminable de centenares de miles de personas.

Fue una de las decenas de actos que se hicieron a lo largo y ancho de Alemania esa noche. Atrás quedaban historias desgarradoras de traición con familias separadas por décadas de muerte y destrucción a manos de la tan temida Stasi, la policía secreta alemana oriental, que en un país de 16 millones de habitantes, tenía enrolados 300 mil informantes.

La lección en mi retina es inequívoca: Se estaba poniendo fin a una división aberrante, que por un acto de traición de gobernantes propios y ajenos, había sufrido el pueblo alemán.

Definición de Traición (Real Academia Española)
“Falta que se comete quebrantando la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener”

Sólo la paciencia y una perseverancia que los distingue, hicieron que alemanes de uno y otro lado pudieran reunirse nuevamente, dejando atrás el vapuleo que rusos y americanos hicieron de ellos en otra época.

Es claro que los europeos, que acaban de festejar el 50 aniversario del nacimiento de la CEE, saben cabalmente que la unión hace la fuerza y este momento histórico fue la muestra más acabada que ellos así lo entienden, ya que no fue una FIESTA solamente. La unificación alemana tuvo un costo económico sin precedentes, sólo igualables por tremendas guerras o destrucciones naturales de proporciones épicas. Hicieron un esfuerzo gigante.

20 años después

Pablo Neruda, poeta chileno:
“Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar, indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo esa, puede ser la más feliz o más amarga de tus horas”.

Es mañana de Jueves 17 de Julio de 2008.
Estoy transnochado, pero no me importa. Acabo de vivir una experiencia de civilidad todavía más intensa que la que acabo de describir, y es más intensa porque esta vez ya no la miro, ahora la vivo. Soy parte de esta historia.

Julio Cobos, el vicepresidente de mi país, acaba conseguir que 200 años de divisiones y enfrentamientos sectoriales finalmente queden de lado por el bien de todos. Acaba de demostrar con humildad y solamente con hombría de bien que una Idea de País unido y fuerte es posible.

Desde Mariano Moreno y Cornelio Saavedra (1810) en adelante hemos vivido en una constante polarización de nuestros dirigentes que no tuvieron mejor camino para zanjar sus diferencias que demonizar al adversario, aún utilizando la mentira o la traición para conseguirlo.

Rivadavia y Pueyrredón hicieron lo propio con Artigas. Alberdi, Sarmiento, Rosas, Urquiza y Mitre cierran un período de más de 60 años donde ni siquiera logramos transformarnos en un país orgánico.

Luego la generación del 80 con su corruptela; a continuación la década infame se ve sopesada por un movimiento obrero que era imprescindible, pero que tuvo que tener su ciclo.

Todo el siglo 20 fue el fiel reflejo de lo que fuimos durante ese tiempo: NADA.

Tanto tiempo de hipocresía y falsedad nos ha llevado a la más espantosa de las miserias: la carencia total de principios.

Pero de acuerdo al apotegma de Neruda, tengo esa sensación a flor de piel que los argentinos nos hemos encontrado a nosotros mismos. Está claro que lo que subyace en el significado de cada una de esas palabras es que nos encontramos frente a frente a la verdad desnuda de una realidad inminente. Es la verdad desnuda del destino mismo.

Cobos supo decir que no sabía porque el destino lo había puesto en esa posición. Yo creo entender algo, aunque sea vagamente.

De Batallas, Guerras y el destino

Todos los países del mundo, debieron en algún momento hacerse cargo de su historia y es real, que aunque con marchas y contramarchas, todos los países del mundo caminan sin prisa pero sin pausa a un mismo DESTINO INMINENTE.

Ese destino inminente donde la virtud se va imponiendo a la miseria humana.

La forma de vida de ese destino inminente se basa en el RESPETO: a la vida, los semejantes, en definitiva, la ley; en donde la pluralidad es una verdadera filosofía de vida, no otra hipocresía de campaña; donde la realidad es una sola, por dura que se presente y no una interpretación caprichosa o el moldeo esquizofrénico de una realidad deformada por un gobierno o una persona; donde la educación, la salud, la seguridad, o sea la calidad de vida, de todos los ciudadanos tiene que tener estándares básicos de dignidad; entre otras pautas básicas.

Cuantas veces escuchamos la sentencia: “… y si Hitler hubiera ganado la guerra …?”. Pero no la gano, como no subsistió el apartheid de Sudáfrica, la soberbia del imperio Inglés, la hipocresía del comunismo Stalinista o las dictaduras de Marcos, Stroessner, el Sha o “Tachito” Somoza… La Dignidad y el Respeto como valores esenciales siempre se sobreponen; van encontrando su camino, abriendo senderos e instalándose definitivamente, algunas veces antes, otra un poco más tarde.

En Latinoamérica, es mi más firme creencia, que después de este populismo berreta de Chávez, Correa, Evo y los K que no basan sus métodos y sus creencias en el RESPETO GENUINO y la PLURALIDAD APLICADA, los países encontraremos un camino común que le ha llevado crecimiento y bienestar a todos esos otros países. Chile, Brasil y México parecen estar encaminados. Uruguay y Paraguay en camino y toda vez que traicionen la virtud del respeto y el pluralismo, entrarán en un compás de espera en su camino al DESTINO INMINENTE.

Argentina, después del papel que el destino le dio a Cobos, no será la misma. Ruralistas que tienen casi 100 años trabajando separados, se han reunido entorno a una idea, la defendieron y nos mostraron como hacerlo.

En esta contienda felizmente pudo quedar en el camino casi todo lo que no queremos que forme parte de nuestra vida.

En el camino quedó Kirchner y su forma pandillera de hacer política.

En el camino quedaron expuestos al rechazo público Hebe de Bonafini, Moreno, Moyano y D’Elia sumidos todos en la vergüenza pública y el rechazo generalizado. Ya nadie les tiene miedo y perdieron su espacio en la opinión pública.

En el camino quedará el revanchismo que llevan adelante impunemente e hipócritamente en nombre de los derechos humanos, echando mano a métodos que nadie piensa serán realmente pacificadores. Ni Chile, Uruguay, Brasil, España o tantos otros países que sufrieron terrorismo utilizaron para “pacificar” el país. De hecho ni Israel cree que el enfrentamiento acérrimo y eliminatorio sea el camino para pacificar a su pueblo, aún después de casi 7 décadas de guerra.

La guerra engendra más guerra. La paz, más paz y convivencia porque se basa simplemente en el Respeto, ese destino inminente que se va instalando entre todos.

En el camino quedo el clientelismo político que ya no podrán financiar a costa de no construir hospitales, viviendas o caminos desatendiendo la salud, la inflación o la seguridad.

En el camino quedarán los diputados y senadores que apostaron a salirse con la suya y que, viniendo de provincias agropecuarias, traicionaron a su pueblo, sus amigos y vecinos por una prebenda o directamente por dinero.

Mi deber como argentino

Siento el más urticante deber de recordar quien es quien cada vez que tenga que votar los próximos años y estar alerta para saber quien es quien entre los candidatos del futuro. Ésta es la experiencia de civilidad más fuerte que vivo este día.

También debo rescatar lo importante que es votar buscando equilibrio de fuerzas entre gobierno y legisladores, de modo que el control por oposición haga SIEMPRE lo que hizo ANOCHE. De ahora en más votaré una fuerza al poder ejecutivo y exactamente la otra al poder legislativo. Si un gobierno quiere tomar una medida, que lo haga, pero que convenza primero a todo el mundo y se tome el tiempo de discutirlo. Es un mínimo respeto que me merezco por tener que soportar una presión tributaria de casi 50%, aún cuando no recibo los servicios básicos que pago con ello y sin dudas, votar así será presionar para que este estado me de salud, seguridad, educación y justicia.

Lo que pasó anoche me emocionó. Me conmocionó. Me hizo ver que me he encontrado conmigo mismo como argentino y espero que éste sea el sentimiento de muchos argentinos.

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